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<  Pagina de mensajes/Message board  ~  Cima # 1 Aconcagua 6962 metros - Reportaje en La Republica

ginethsoto
Publicado/Posted: Mar Nov 20, 2007 3:55 pm Responder citando
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San José, Costa Rica - Martes 1 de Febrero del 2005


Gineth Soto
¡En el Techo de América!


La alpinista costarricense logró su propósito y llegó a la cima del Aconcagua

Luis F. Rojas

2/1/2005

El pasado 17 de enero, a la 1.30 p.m. de Argentina, la alpinista costarricense Gineth Soto alcanzó la cima del Aconcagua, convirtiéndose en la primera mujer tica en lograr esta hazaña, y lo hizo por la ruta de los Falsos Polacos, técnicamente la más difícil.
El Aconcagua, la cima de los Andes, tiene 6.962 metros de altura y no solo es la más alta de la cordillera, sino de todo el hemisferio oeste. Ubicada en Mendoza, Argentina, es conocida como el “Techo de América”.

Según cuenta Gineth, su travesía empezó el 8 de enero. “Ese día se acabaron las comodidades; el dormir en cama de verdad y todo eso. Empezamos desde el Río de las Vacas a 2.408 metros de altura; caminando a lo largo de él. Fue un día muy caliente, como a 40 grados, sin lugar de sombra”.

Después de cinco horas de caminar, Soto llegó a Pampa de Leñas, a 2.867 metros, donde se encontraba el Campamento 1. Ahí tenían que esperar que llegaran las mulas con la carga y como aún estaba caliente, Gineth cuenta que decidió no poner la tienda de campaña esa noche.

“Fue una bella y espectacular noche bajo las estrellas, vi muchas fugaces. Una se siente cubierta por un manto luminoso, que solo puede disfrutarlo quien está ahí”.

Enero 9. Soto dice que caminó a través de preciosos valles hasta llegar a Casa de Piedra (Campamento 2) y entonces vio por primera vez el Aconcagua y al lado su guardián, el Ameghino de 5.882 metros.

“Es una vista preciosa que uno quisiera nunca terminara. En ese momento estábamos a una semana de esa cima. El día seguía caliente y las mulas llegaron en la tarde; me tomaba de cinco a seis litros de agua al día y aun así no se aplacaba la sed”.

El 10 de enero el grupo cruzó el Río de Las Vacas y el resto del camino atravesó cañones y cuestas; siempre con el Aconcagua al horizonte, hasta llegar a Plaza Argentina, a 4.200 metros de altura.

“Después de tres días y 60 kilómetros estaba en el campamento base, donde una Coca Cola cuesta $5, una pizza $15, un minuto por teléfono satélite $5; pero en fin, estaba en el Aconcagua, a tres días de la civilización, en la montaña”.

Hasta ahí llegaron las mulas. En adelante, como narra Gineth, “la mula era yo”, porque cada integrante debía cargar su equipo y ayudar con el colectivo. Estando aún en el campamento base, una noticia impactó a todos los escaladores de diferentes expediciones Se trataba de la muerte de un brasileño que falleció de un infarto. “La cima es solo la mitad y el descenso es mucho más peligroso; al parecer él y su pareja decidieron dormir en el lugar llamado la Canaleta, a 6.700 metros y ese fue su error, porque a esa altura el cuerpo no se aclimata y se estaba congelando; aunque los auxiliaron y llevaron al campamento, él murió ahí. “Ese fue un buen recordatorio para nosotros, de que en esta montaña no se pueden cometer errores”.

Después de recobrar fuerzas el 12 de enero, la expedición salvó una empinada cuesta y pasó por unas formaciones de nieve llamadas penitentes y un glacial cubierto entre rocas y polvo, dándose cuenta en muchas partes que caminaban sobre hielo.

Enero 14. “Vimos algo muy famoso en el Aconcagua, se llama el viento blanco. Un viento peligroso, furioso, que cuando aparece impide que cualquiera llegue a la cima. En el campamento parecía que las tiendas iban a volar; decidimos detenernos, aunque eso significaba un contratiempo, pero lo importante era la seguridad. La incertidumbre creció en el grupo, porque en ocasiones ese fenómeno dura hasta cinco días”.

El 15 de enero subieron hasta el campamento que está a 5.883 metros de altura y en la base del “Polish Glacial”. El viento empezó a desaparecer y la vista de los Andes se tendió nuevamente al paso de los alpinistas. “Ese momento fue muy importante para mí, porque empecé a romper mis metas de alturas. En cambio, la otra mujer del grupo decidió tirar la toalla”.

El 16 de enero “fue un día de mucho pensar. A esta altura no se duerme; solo se intenta cerrar los ojos y esperar la hora. Todo estaba listo para el día siguiente, el clima no era tan malo; muy frío, pero cielo azul. La vista del glacial era muy linda”.

Enero 17. De pie a las 2 a.m., Gineth estaba lista para el ascenso; solo tomó una taza de té y una galleta antes de partir a las 3.30 a.m. hacia la cima. Oró a Dios, a la Virgen. Apenas empezaron a escalar sintieron en los huesos el frío letal de la madrugada (¡28 grados bajo cero!). Cruzaron la parte de abajo del glacial Polaco y siguieron la travesía, que fue muy dura. Solo paraban cada dos horas para poder tomar agua y comer alguna golosina, pero era imposible obviar el intenso frío. “No podía calentarme con nada; lo único era continuar y seguir moviéndome. Creí que se me iban a congelar los dedos de los pies, me dolían mucho, pero cuando hay dolor es bueno, porque si no, es que ya se congelaron”.

Después de varias horas llegaron a la unión con la ruta normal y de ahí en adelante había un solo camino hacia la cima. Pasaron el refugio Independencia, pararon como cinco minutos y de nuevo continuaron.

“El sol salió; igual nada me calentaba; la ruta iba con la sombra de la montaña. Creí que me iba a congelar. Finalmente llegamos al comienzo de la famosa Canaleta y, por primera vez, el sol tocó mi cuerpo; pasaron como 30 minutos antes de sentir un poco de calor. Mi cuerpo empezó a dar señales de agotamiento, pero no les puse atención, solo pensaba en llegar. Sabía que si le dejaba espacio a la duda, estaba terminada”.

Gineth dice que para subir el Aconcagua y llegar como mínimo al Campamento 2, hay que tener una excelente condición física, pero asegura que la cima es otra cosa. “El día de la cima no es físico, es mental, porque físicamente puede rendirse rápidamente, camina y pronto se cansa, pero con la mente se va subiendo. Llega quien realmente cree en sí mismo y pone toda su determinación. “Ya estaba a 6.700 metros y la Canaleta son los últimos 262 y los más duros; esta es la última gran prueba del ascenso”.

Según cuenta Soto, ahí muchos montañistas se devolvieron; otros vomitaban y algunos parecían perdidos. “Mientras otro compañero de nuestra expedición nos decía adiós y retornaba, yo dejé mi salveque y tomé la bandera de Costa Rica y la cámara y empezamos la Canaleta”.

Soto asegura que no pensó en la cima, sino hasta que estuvo a unos diez pasos de esta, fue cuando se dio cuenta que iba a lograrlo. “Cuando vi la cruz que está ahí las lágrimas me corrieron por las mejillas, la toqué y de inmediato sentí un escalofrío que me subió por todo el cuerpo. Era la 1.30 p.m. y estaba en la cima del Aconcagua. Después de tantas horas de lucha, esfuerzo, dolor y frío, lo logré… y, ¡que viva Costa Rica!”.

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